La doctrina del shock y la cancha de tenis

Hace algo más de dos semanas de la huelga general del 14N. ¿Se acuerda alguien de ella? Tal vez sólo los que la convocaron, los que la hicieron y los que participaron en las masivas manifestaciones de aquel día. Tras apresurados análisis sobre su éxito o fracaso y el debate, no concluso aún, sobre si es un instrumento adecuado de lucha en los tiempos que corren, pronto se apagó el interés por ella.

¿Son los medios de comunicación los culpables de este olvido? Por supuesto que sí, la mayoría de los de mayor difusión, primero la atacaron y el día después cuestionaron su importancia, manipulando los datos la calificaron de fracaso y aun algunos se empeñaron en negar su existencia. Pero no sólo la actitud de los medios de comunicación explica esto, lo veremos más abajo.

El caso es que en los días posteriores, la huelga general dejó la primera plana y los titulares de los telediarios y emisoras de radio y éstos se inundaron de otras noticias habituales en el desarrollo de esta crisis. Los desahucios, el caso Madrid Arena, la privatización de hospitales y centros sanitarios en Madrid, la huelga de los trabajadores sanitarios, el decretazo de Gallardón y, por supuesto, las elecciones catalanas del 25N que, a su vez, coincidió con la celebración del Día contra la Violencia a la Mujer dejando en segundo plano la importancia de este día en la lucha por la igualdad.

Para tratar de explicar por qué ocurre lo anterior recomiendo la lectura de este libro:  La doctrina del shock: el auge del capitalismo del desastre. Es un libro de la periodista canadiense Naomi Klein editado en 2007 en el que se inspiraron Michael Winterbottom y Mat Whitecross para realizar un documental con el mismo nombre en 2009.

Naomi Klein sostiene que las teorías sobre el libre mercado del Premio Nobel Milton Friedman y de la Escuela de Economía de Chicago se imponen con técnicas de psicología social aprovechando desastres naturales, actos de terrorismo como el 11S o crisis económicas reales o percibidas, sobrevenidas o programadas con el fin de provocar en los sistemas económicos y sociales un efecto parecido al que sufre un paciente al que se le aplica una terapia de electroshock.

El primer “éxito” de esa terapia se produjo con el golpe de estado criminal de Pinochet en Chile en 1973 y fue extendida después a toda América Latina. Continuó con las políticas aplicadas en Polonia, Rusia, Sudáfrica y en la crisis asiática de 1997 y ahora se está aplicando a los países del sur de Europa.

Dicha terapia tuvo dos versiones: la violenta, la de los golpes de estado sangrientos, dictaduras militares, torturas, genocidios y la “suave” de Margaret Thatcher en Inglaterra o Reagan en USA, por ejemplo. Ambas trataban de destruir el modelo social, político y económico vigente para restringir el poder regulador de los gobiernos sobre el capitalismo, anular el poder democrático del pueblo sobre esos gobiernos y “liberar” al capitalismo de las pesadas cargas impuestas por el modelo del Estado del Bienestar surgido tras la crisis de 1929 de la mano de Keynes y Roosevelt y hecho realidad después en Europa tras la II Guerra Mundial.

Para explicar cómo funciona la doctrina del shock aplicada a la situación de España, os propongo este ejemplo gráfico: una cancha de tenis y un jugador al fondo de la pista intentando devolver las bolas que le lanza una máquina de las que se usan para entrenar.

La máquina empieza por lanzar la bola a poca velocidad y al centro de la cancha. El jugador la devuelve sin dificultad, sin apenas esfuerzo. Pero, poco a poco, la dichosa maquinita aumenta la velocidad y la bola va de un extremo al otro del campo contrario. El jugador tiene que aumentar la velocidad de su respuesta y alcanzar la bola que cada vez es más difícil de devolver.

Si la máquina fuera el capitalismo y su intención aplicar la doctrina del shock, aprovecharía el cansancio y la confusión del jugador para aumentar la frecuencia de salida de cada bola. El jugador piensa que la máquina se ha averiado pero su pundonor le obliga a intentar ganarle. Pero no puede, claro está. Cuando la máquina agota las bolas de que dispone, el jugador solo ha podido devolver unas cuantas y la máquina ha ganado. Es decir, el capitalismo ha ganado. La terapia del shock ha sido un éxito.

Esto es lo que le ocurre hoy al ciudadano que sufre los recortes que le impone, digamos, este “sistema de juego”. Cada semana, casi cada día, el gobierno le lanza una bola, es decir, le roba algo, parte de su nómina, los derechos negociados en su convenio colectivo, su puesto de trabajo, su casa. Le aumentan los impuestos directos e indirectos, la cuota de su hipoteca, los gastos de la educación de sus hijos, las medicinas, dejan sin atención domiciliaria a sus padres ya muy mayores y todo un largo etcétera.

Las bolas salen una detrás de otra, pero cada vez más rápido. Las últimas bolas lanzadas también le han robado la libertad, se queda sin democracia y sin futuro, ya lo ha perdido todo. Y, además, si hace huelga le despiden, si sale a la calle a protestar le pegan una paliza los policías (cada vez más “sueltos de mano” porque si se pasan su brutalidad será indultada por el Gobierno) o le detienen aplicando leyes recién inventadas sólo por estar allí, aunque no haya hecho nada ilegal y no llames a la prensa libre para que informe porque acabará en el mismo furgón que tú. Así que le han dejado sin alternativas, no puede defenderse y no le queda otra que admitir lo que quiera hacer con él el ganador del partido.

¿Cómo ganar a la máquina? ¿Cómo parar al capitalismo? Se me ocurre, primero, elevar la red, así pararíamos la mayoría de las bolas (es lo que se llama resistencia que es la fase en que estamos en esta lucha) y después, desenchufar la máquina (lo más difícil, lo más arriesgado, pero lo más eficaz) que solo es posible si tenemos claro que en este juego lo que nos confunde es devolver por separado cada bola que nos lanza la máquina cuando lo que hay que hacer es pararla.

Quiero decir que son muchas las luchas en las que estamos comprometidos y que todas son importantes pero también que de algún modo dispersan nuestras fuerzas. El capitalismo esta vez va a por todas y no se detendrá ante el muro de la democracia  a menos que unamos todas nuestras fuerzas, todas las luchas sectoriales, toda la fuerza del pueblo expresada en un único objetivo: desenchufar el capitalismo.

NOTA: En Google puedes encontrar la versión digital del libro con sólo teclear su título.