España es más grande con marea baja

 

Las antes rígidas e intocables fronteras de España, marcadas a sangre y fuego en esta piel de toro, se han vuelto, por arte de birlibirloque, flexibles, adaptables, expansibles o retráctiles dependiendo de los caprichos o necesidades del PP, de la posición que ocupe la Guardia Civil o del subibaja de las mareas. España es más grande con marea baja. Crece y decrece a cada ola que viene o va, y estando como ya está, habitada por millones de españoles nos sobran moros, rumanos y negros hasta que venga la próxima burbuja inmobiliaria y necesitemos de nuevo mano de obra barata. Un pasito pa’lante o un pasito p’atrás, unas bolas de goma por aquí o por allá, unas balas de fogueo que no matan pero asustan un huevo y el inmigrante se ahoga pero en un país extranjero y ya no es culpa nuestra porque aquí, en esta España del PP, somos cumplidores de la ley, pero la del más fuerte. 

 

 

Y es que la mayor aportación del PP a la filosofía política es el concepto de flexibilidad. Y si no, ahí van unas muestras de hasta dónde se puede llegar combinando esa palabra comodín con otras según convenga: flexibilidad horaria, para acabar con los horarios rígidos en el trabajo y hacernos trabajar el doble; flexibilidad laboral, para convertirnos en esclavos modernos, adaptables y reutilizables en sucesión interminable de contratos basura; flexibilidad salarial siempre que sea a la baja porque al alza solo lograríamos más desempleo; seguridad ciudadana flexible, para poder subcontratar vigilantes de seguridad que puedan sustituir a la policía y apliquen la ley como se les ocurra sin responsabilidad alguna de la autoridad pertinente y para dar leña, más allá de lo que cualquier democracia de verdad pueda soportar, en las protestas y manifestaciones sin que ningún juez pueda poner en la calle sin cargos y sin multas a los detenidos injustamente; flexibilidad sanitaria, para abrir los hospitales públicos a los indudables beneficios de la iniciativa privada, aunque se nos mueran los enfermos en las eternas listas de espera; flexibilidad, religiosidad y elitismo en la educación, para conseguir alumnos entregados, abnegados y acríticos con los gobiernos y el poder económico-mafioso que manda en el mundo, alumnos a los que no se les ocurra salir a la calle a liarla y prefieran rezar a los santos para encontrar su futuro, alumnos instruidos en la aventura de buscarse las papas fuera de nuestras fronteras que al ser flexibles y extensibles les acompañarán a sus lejanos destinos para que no les dé la morriña y decidan retornar en las pateras en que nos los devuelven desde Bélgica, Alemania, Inglaterra o ahora desde Suiza porque, como en toda Europa, sobran los jóvenes por muchas carreras que hayan estudiado. Que se aventuren y que traspasen las fronteras de sus sueños a la puta realidad que les espera. Eso es lo que hay.

 

Ya se sabe que las fronteras son líneas imaginarias trazadas sobre el papel de los mapas pero que por obra y gracia de los poderes de este mundo se convierten en controles, barreras y muros infranqueables. Esos muros que parecieron deshacerse tras la caída del muro de Berlín, cuyas víctimas buscaban lo mismo que las de Ceuta de estos días, libertad y un porvenir dichoso. Esos muros que ahora se reconstruyen en Europa para separar otra vez nuestras viejas naciones. Esos muros alzados con la amalgama de la ignorancia y del olvido de las razones del pasado Esos muros, con sus criminales concertinas, que nos han crecido al sur de nuestro sur, son monumentos a la estupidez humana porque pretenden impedir que los sueños de unos contaminen la realidad de los otros. No podemos ignorar los sueños de los que vienen, y aún menos sus derechos, porque son seres humanos como nosotros. Porque nos necesitan y los necesitamos. Porque seguirán viniendo hasta que nuestro egoísmo ceda o sea vencido y les permitamos quedarse en sus países porque, por fin, allí pueden ya progresar en paz.