Ni en tu nombre ni en el mío

“NO EN MI NOMBRE”

Por Emilia Mañas Martínez

Carta al Director de El País

08 de Octubre de 2016

“Tengo casi 72 años. Soy militante socialista desde hace más de 30 y de nuevo me encuentro en una encrucijada. Ahora quieren facilitar un Gobierno de Rajoy. Un señor que ha recortado, privatizado, favorecido al “capital” y permitido la corrupción. Tienen que decidir en mi partido, pero si se inclinan por un Gobierno del PP, pido que me lo digan pronto. Necesito el tiempo suficiente para pedir mi baja. Respeto la autoridad que les asiste, pero conmigo que no cuenten. No contribuiré a un suicidio colectivo.”

Fdo.: Emilia Mañas Martínez

 

NI EN TU NOMBRE NI EN EL MIO

Desgraciadamente este es uno de los muchos ejemplos que me duelen y mucho. Una militante de 72 años de edad, desilusionada y decepcionada tras toda una vida de militancia honrada y humilde, ahora ignorada e irrelevante para los que se han hecho dueños del partido sin el permiso de sus militantes y de la inmensa mayoría de sus votantes. Alguien a quien no hay que preguntar ni pedirle su voto, porque “no está suficientemente informada” para opinar, decidir o votar sin la ayuda o las indicaciones interesadas de aquellos dirigentes bien informados que ya piensan, deciden y votan por los mindundis de las bases.

Lo del PSOE no se arregla con una manita de pintura dada por profesionales del derribo (dígase aquí “Gestora” o “Baronías”), sino por arquitectos de renombre (dígase Borrell y otros de su fuste) necesariamente ayudados por un buen número de artesanos y obreros de la lucha diaria, de esos que no se ven desde las alturas informadas de las élites del partido pero sin los cuales no se levanta edificio alguno y a los que tampoco nadie les pregunta si hay que derribar lo que ellos contribuyeron a levantar.

Imaginemos qué sería de la democracia si aceptásemos como válido ese argumento de los dirigentes enterados y los militantes poco informados. ¿Para qué elegir representantes si ya están para eso los enterados, los sabios, los expertos? El gobierno de los mejores, el de las élites informadas, no el gobierno del pueblo y para el pueblo. El gobierno de los cuadros y no el de los militantes. Y es que algunos de nuestros dirigentes piensan que están de más los militantes, que el partido ya no los necesita, que acaban siendo un incordio.

Nos quieren confundir con eso de que “los militantes no son los únicos a quienes pertenece el partido porque también es de los votantes”; ahora sí que les interesa que sean copropietarios del partido esos votantes mal informados, que votan a tontas y a locas, sin pararse a pensar que los que sí saben lo que hay que hacer son ellos, los infalibles dirigentes. Si los militantes no están bien informados para votar en consultas o primarias, ¿sí lo están los votantes? La respuesta espeluzna.

A las alturas de este enfrentamiento interno, las élites, los dirigentes, los enterados, los expertos, intentan convencer con mediocres argumentarios propios de esas tertulias televisivas que ven embobados muchos ciudadanos porque creen que así entenderán lo que pasa. Esas tertulias que consisten en remover la mierda que cada partido guarda en su trastienda sin que importe demasiado el olor o las infecciones que inoculen al cuerpo social. De debatir sobre ideas o soluciones a los problemas reales de la ciudadanía, nada de nada. Eso no interesa. Leña al mono, que es de otro partido y que la masa televidente se lo pase en grande viendo cómo se pelean esos sabiondos que sí que saben lo que nos interesa o al menos eso dicen, ¿no?

Pues eso, argumentarios mediocres, soeces, válidos para una cosa y la contraria, técnicas para la desinformación y la manipulación de los votantes, utilizados ahora en nuestro PSOE (porque sí que es nuestro) para enterrar el corpus ideológico más importante, grande, extenso y profundo de toda la izquierda española, la marca más genuina de un partido más que centenario y útil desde 1879 para esos mindundis que no se enteran de nada y a los que se les ha metido en la cabeza celebrar un Congreso Federal Extraordinario y unas Primarias como mandan los Estatutos que, supongo, algunos dirán que están para no ser cumplidos.

En fin, queridísima compañera Emilia Mañas Martínez, militante de 72 años de edad, que ni en tu nombre ni en el mío. Tu encrucijada es también la mía y la de miles de compañeros y compañeras que no se merecen la estulticia de algunos de los nuestros.

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de FUSIL DE NARDOS Publicado en POLÍTICA

Andalucía, otra vez

Este artículo ha sido publicado hoy en la revista TRIBUNA SOCIALISTA

Las elecciones autonómicas del 22 de marzo han vuelto a poner a Andalucía en el primer plano de la política nacional. Salvando las distancias, lo de estos días recuerda el papel fundamental que tuvo el resultado del referéndum del 28 de febrero de 1980 para alcanzar la autonomía por el art.151 de la Constitución en la posterior conformación del Estado de las Autonomías. Del resultado de las elecciones del 22 de marzo y los pactos que se cierren o no tras el 24M, va a depender en gran medida lo que ocurra en otras autonomías y finalmente en las generales de fin de año.

El arriesgado adelanto electoral decidido por Susana Díaz con la ayuda de una Izquierda Unida de varias almas que no supo contener la aversión de su ala izquierda a los pactos con el PSOE y cuya Asamblea Regional acordó in extremis una resolución que mandataba a la dirección a realizar un referéndum para decidir la continuidad del gobierno de coalición, ha traído, a pesar del éxito electoral relativo, más que la estabilidad pretendida por Díaz, un inquietante futuro inmediato que no asegura su investidura ni tampoco pactos de la izquierda representada en el Parlamento ni para acuerdos de legislatura ni de gobierno. Al menos de momento.

Dados los resultados (PSOE 47 diputados; PP 33; Podemos 15; Ciudadanos 9; IU 5 y la mayoría absoluta en 55 diputados), son varias las posibilidades para la investidura o para evitarla debido a la peculiar ley andaluza que no prevé la investidura del candidato de la lista más votada y si no se logra hay que convocar nuevas elecciones.

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El hecho de que casi el 70% de los votos y el 61% de los parlamentarios pertenezcan a las tres formaciones de izquierda presentes en el Parlamento andaluz, debería dar una señal inequívoca de por dónde deberían ir las cosas. Pero, de momento, la salida a la situación de bloqueo no parece ir por ahí.

Susana Díaz ya ha recibido tres negativas en sendas votaciones. Ahora parece querer esperar al día después del 24M cuando los cálculos electoralistas del resto de fuerzas del Parlamento se hayan hecho o no realidad.

¿Gobierno en minoría, con acuerdo de legislatura a dos o tres bandas o gobierno de coalición también a dos o tres bandas? Primero hay que alcanzar la investidura y tras las valoraciones oportunas del post 24M, negociar en base no sólo a las pretensiones ya expresadas por el resto de fuerzas políticas, excluyendo al PP que no está dispuesto a dejar gobernar a la lista más votada en plena contradicción con lo que ha venido defendiendo obsesivamente hasta ahora, sino en base a otras de mayor calado que configurasen un gobierno de izquierdas en toda regla, un gobierno de la izquierda dividida hasta ahora que se uniera para poder servir de modelo y de iniciación a una experiencia nueva e ilusionante en otros territorios y en el conjunto del Estado tras las generales.

¿Cuál podría ser el recorrido para lograrlo? El PP se ha enquistado en el no del odio al socialismo que siempre le pasa por encima en Andalucía, incluso muchos de sus próceres son partidarios de bloquear la situación hasta provocar una nueva convocatoria de elecciones, a pesar de estar avisados por los sondeos de que su caída todavía podría ser mayor.

Ciudadanos jugando a ser más guapos y más progres que los del PP, menos corbatas, menos uniformidad pija, pero bebiendo de las fuentes de la FAES de Aznar, señalando sólo la corrupción en el PSOE y olvidando la del PP, ya que al fin y al cabo serán sus socios preferentes como así le exigirán los del IBEX35, que para eso son los hijos probeta de lo mejorcito del neoliberalismo criminal que casi da ya por finiquitado el ciclo de Rajoy y su PP lleno de corruptos descubiertos con las manos en la masa. “Riverita” y sus subalternos, cual torero de tronío, saltará a la plaza a lidiar con el morlaco socialista y renovará las cloacas del neofranquismo patrio, pero darán sus primeros pasos de la mano de sus antepasados en la ignominia. ¿Darán su brazo a torcer con la investidura de Díaz si, al final, Chaves y Griñán son imputados y dimiten de todo? ¿Y qué harán si ocurre lo contrario y no son imputados? A saber, que comer papas no es lo mismo que tragarse el falso discurso anticorrupción.

IU, a pesar de sus muchos errores y sus diversas almas, desde su socialdemocracia revolucionaria a lo peorcito del estalinismo, pasando por un trotskismo amable y los restos de la tradición libertaria campesina muy bien abrigada por Sánchez Gordillo y Cañamero, es una izquierda sólida en lo ideológico y en lo organizativo, con empaque y solera en la lucha de clases, pero infantil en lo referente a programas y pactos electorales. Muchas más veces de las deseadas, al llegar a la encrucijada, yerran el camino y en vez de seguir al lado del hermano mayor se va con las malas compañías que le equivocan de enemigo, como muy bien saben por las obras de Anguita y Rejón, que dejaron ha tiempo de ser sus referentes pero cuyo rastro sigue presente en muchas de sus decisiones erróneas. Cuentan poco en lo referente a la investidura pero serían muy importantes en un gobierno de izquierdas andaluz.

Y Podemos desandando caminos. Los caminos de la retórica hueca, del discurso fácil y demagógico a ratos. Del diagnóstico acertado, más engendrado en las ubres del 15M que de elaboración propia, a un discurso de hoja parroquial, preñado de buenismo de corto alcance y al que ahora quieren calificar de socialdemócrata. De la frescura de sus inicios al travestismo ideológico, del dedo acusador que señalaba los verdaderos problemas al error de acusar a todos los demás como culpables exculpándose a sí mismos, olvidando que muchos de los suyos proceden del pasotismo más indecente y colaborador en tantas renuncias. De la inocencia a la impostura, de la virginidad al fango. Acercándose a la casta con un descaro no exento de ingenuidad, para pillar cacho, para tocar poder. Eso sí, en su afán renovador, arrasando a la izquierda de la izquierda, haciendo equipo con la derecha más indecente en atacar a los sindicatos de clase, con idénticos discursos elaborados en los cenáculos de la brigada azul mediática. De la manipulación de conceptos básicos (izquierda/derecha, arriba/abajo) a la traición de encubrir la lucha de clases como único motor para lograr el socialismo y la democracia sin adjetivos. A saber, que no es lo mismo lo nuevo que la novelería. ¿Y qué harán el 25M, se abstendrán formando equipo con PP, IU y Ciudadanos y permitirán un gobierno socialista en minoría, o tendrán un ataque de lucidez y entrarán en coalición con PSOE e IU para formar un gobierno de izquierdas?

¿Y está Susana Díaz por un gobierno de izquierdas o prefiere gobernar en minoría con una oposición de cuatro aristas que no dudará en bloquear sus decisiones? ¿Tomará nota el PSOE-A que recuperar la hegemonía de la izquierda en Andalucía pasa por hacer políticas socialistas que favorezcan los intereses de la clase obrera, los trabajadores del campo, los trabajadores de los servicios, funcionarios, autónomos y clase media? ¿Y se dará cuenta que el mejor camino es dejar atrás la acomodaticia y desclasada forma de gobernar de la Junta en estos últimos años? ¿Alguien, digamos la compañera Díaz, centrada en Andalucía y dejando para otra ocasión su pelea con Ferraz, se atreverá a plantear el gobierno que necesita esta tierra y levantará a nuestros hombres y mujeres de su resignación a lo que imponga la ceguera capitalista?

¿Y sobre qué habría que acordar para lograr ese gobierno de izquierdas? Sobre la realidad de la situación económica de Andalucía, sobre el cambio de modelo productivo y la consolidación de lo ya puesto en marcha por los gobiernos socialistas, la recuperación de la industria automovilística, la consolidación de la industria aeronáutica, recobrar el trabajo en las cuencas mineras aún rentables, la investigación científica, una verdadera reforma agraria y la potenciación de la industria agroalimentaria, la inversión en infraestructuras de transporte público, ferrocarril, autovías, carreteras secundarias, metro y tranvías en las capitales que lo necesiten, incremento de la inversión en sanidad, en dependencia, en la educación pública a todos los niveles y con atención prioritaria a la calidad de la enseñanza universitaria y, en general, de todos los servicios públicos, reducción drástica del paro y la pobreza en base a lo descrito más arriba y un compromiso solidario con la igualdad, con la inmigración y con nuestros propios migrantes, con la juventud expulsada de nuestra tierra por la política de recortes y la secular rapiña a la que es adicta nuestra burguesía.

Aquel Portugal que tanto amé

Pocas semanas después de aquel maravilloso 25 de abril de 1974 unos cuantos compañeros y compañeras de las Juventudes Socialistas de Sevilla, nueve o diez tal vez, en la clandestinidad entonces, conseguimos entrar en Portugal en tres desvencijados coches de segunda mano, un Seat 124, un Simca 1000 y un Citröen dos caballos que por poco no dejamos abandonado a la vuelta cerca de Beja camino de Rosal de la Frontera de lo averiado que estaba. Como decía un compañero, el dos caballos era como Franco “viejo, destartalado y enfermo” pero seguía y seguía haciendo kilómetros y no se sabía si su final estaba cercano o no.

Fuimos a vivir en persona la revolución portuguesa que nos había cogido tan de sorpresa y que empezábamos a soñar también para España. Necesitábamos saber de primera mano qué estaba pasando de verdad sin el filtro de la censura franquista y empezamos sin darnos cuenta a actuar como periodistas -a la vuelta teníamos que contar lo que estaba pasando. Preguntábamos a todo el mundo, a personas que nos cruzábamos por la calle, a los camareros de los bares, a los soldados y marineros que estaban por todas partes. La gran mayoría no tenía formación política alguna, no sabían nada sobre el significado de la mayoría de las palabras que ahora podían pronunciarse en alta voz sin miedo a los chivatos de la dictadura. ¿Socialismo? ¿Comunismo? ¿Democracia? ¿Podían coexistir? ¿Era posible la democracia sin socialismo? ¿El comunismo acabaría otra vez con la libertad? La gente no sabía mucho sobre esos conceptos, pero aún tenía muy vivos los miedos infundidos por la dictadura al comunismo, a la democracia. Pero también percibían que todo aquello traería mejores tiempos, lo que estaba por venir era el progreso. Y el final de las guerras de ultramar, a las que estaban abocados a ir los jóvenes portugueses y tal vez a morir en nombre de un trasnochado y falso patriotismo que pretendía seguir explotando a los pueblos africanos colonizados por Portugal.

Y la vivimos, vaya que sí vivimos aquella hermosa revolución. En aquella ocasión estuvimos en Portugal sólo diez días, fue la primera vez, pero después la visitamos tantas veces que ignoro el número.

El entusiasmo de las primeras semanas ya se había calmado un tanto, ya no se veían tantos claveles como los primeros días, pero pudimos asistir a reuniones improvisadas en plena calle, pequeñas asambleas en las que la gente discutía de política. Eran muy parecidas a las del 15M, pero sin el miedo a la policía. Casi siempre participaban sólo hombres, parecía que las mujeres no contaban mucho en aquella revolución, se las veía en las manifestaciones pero poco en esas asambleas. Las opiniones de ellos eran escuchadas con atención y las de las mujeres parecían esperar tiempos más propicios. Eso cabreaba mucho a nuestras compañeras, amigas o novias, que ya luchaban por la igualdad incluso antes que nosotros, los hombres de la expedición, comprendiéramos muy bien el concepto. Sin embargo, uno de aquellos días vimos en la Praça do Rossio a un hombre y a una mujer, ambos de unos cincuenta años, dirigiendo la palabra a veinte o treinta jóvenes que escuchaban muy interesados lo que aquella pareja decía sobre qué era el comunismo. Por fin veíamos a una mujer hablando con soltura en público y captando la atención respetuosa de los oyentes.

Vimos con inmensa alegría, especialmente mi novia y yo que trabajábamos en un banco, cómo los sindicatos de los bancarios habían colocado pancartas que tapaban el nombre de los diferentes bancos y que rezaban en letras bien grandes: “BANCA NACIONALIZADA”.

Vimos a un policía de la PIDE (la policía política del régimen) detenido por miembros del ejército y llevado a empujones y culatazos hacia algún lugar, lo llevaban andando y la gente le insultaba, le gritaba y le escupía a la cara. Enfundado en un traje ya pasado de moda para los gustos españoles, el hombre iba lívido, el miedo clavado en su rostro en una mueca que dibujaba muy bien que no sabía si le esperaba la prisión o un linchamiento inminente. Aunque también me pareció verle un gesto de desprecio hacia la chusma que le imprecaba. Pero al final de la calle les esperaba un coche que seguramente le llevaría a un cuartel ya que la policía apenas se veía por las calles. La calle era del ejército revolucionario y del pueblo.

Apenas vimos otra escena violenta como aquella, sólo discusiones acaloradas, algunas cercanas al enfrentamiento físico. Curiosamente, esas peleas dialécticas se producían entre distintas formaciones de izquierda, la derecha aún se escondía. No había polémica derecha/izquierda, eran enfrentamientos izquierda/izquierda. En fin, esa tradición cainita tan ejercida por todas las izquierdas del mundo. Se veía el gran peso del PCP, algo menos del PSP y a mucha distancia un numeroso grupo de pequeños partidos de tendencia trotskista o maoísta, disidentes comunistas, socialdemócratas, socialistas revolucionarios, entre los que destacaba el MES, el Movimiento de Esquerda Socialista, el de más presencia tras los grandes de la izquierda.

En realidad, lo que se palpaba, además de la inquietud propia de tiempos tan confusos -nadie sabía en qué iba a acabar aquella revolución- era la sensación que tenía la gente de haberse quitado de encima una loza tan pesada como había sido la dictadura de Oliveira Salazar y Marcelo Caetano durante cincuenta años. Se percibía, tanto como el temor a un futuro incierto -hasta entonces el futuro cierto había sido la continuidad de la dictadura- la esperanza de un futuro mejor que dejara atrás el aislamiento de Portugal en Europa, no sé si peor que el de España, el fin de las guerras coloniales y la vuelta de los jóvenes soldados para incorporarse a la construcción de la democracia.

Recuerdo cómo la gente nos preguntaba qué hacíamos allí aquellos españoles tan repentinamente interesados en su país, teniendo en cuenta el tradicional desprecio de los españoles hacia Portugal, qué nos importaba a nosotros aquella revolución. Algunos, más amables, bromeaban y nos decían que lo que queríamos era una revolución como la portuguesa en España, que envidiábamos su revolución. Por fin unos españoles admiraban y querían algo de Portugal. Aquello les gustaba, vernos allí embobados ante la ruptura democrática que se había producido en la historia portuguesa y que deseábamos, sin muchas esperanzas, ver realizada en la española.

Vimos muchas más cosas, vivimos muchas anécdotas como las narradas, tantas que es imposible relatarlas aquí, ni siquiera un resumen cabría sin exceder las posibilidades de este post. Hicimos muchas fotos, varios carretes en blanco y negro y en color, cuyos negativos se han debido perder en algún cajón o en alguna mudanza. Pero lo vivido aquellos días permanece en nuestra memoria en forma de imágenes, sonidos e incluso olores tan nítidos como lo fueron en aquella realidad pasada. Visitamos las sedes improvisadas del PCP, del PSP y del MES. Y descubrimos que nos encantaba la comida portuguesa y lo barata que resultaba para nuestros bolsillos españoles. Durante los años siguientes también descubrimos la música portuguesa, no sólo el fado y nos hicimos incondicionales de Pessoa. Y también supimos qué se sentía al ir al cine a ver películas sin censura y cuyas butacas incluían un cenicero incrustado en sus brazos porque se podía fumar dentro.

Joder, cómo amé aquella revolución, aquella explosión de libertad, aquel país y la calidez de aquella gente que tanto me recordaba a la de la España de mi niñez. Desde entonces he vuelto muchas, muchas veces a aquel Portugal que tanto amé y sigo amando, a aquel país que nos llenó de esperanza, que nos hizo soñar y saber que la libertad para España estaba a la vuelta de la esquina, que ya, de alguna manera, era irreversible su llegada.

Hoy, todos aquellos sueños, la Revolución de los Claveles y nuestra Transición a la democracia parecen esfuerzos baldíos, sueños imposibles que no se han cumplido a la vista de cómo el capitalismo salvaje trata a los pueblos y naciones pobres de Europa. Pero no es así. La fuerza, el pozo de enseñanzas que dejó en el pueblo portugués su hermosa revolución, hará que de nuevo los hombres y mujeres de Portugal se hagan con su destino. Y en España, donde parece que el pueblo se ha rendido, donde parece que reinen la desidia y el convencimiento de la derrota, también renacerá la fuerza popular y la idea de recobrar la democracia pero esta vez sin el peso de las facturas que el pueblo tuvo que pagar en la Transición.

¿A que parece una ingenuidad, una tontería de soñador impenitente esto que acabo de escribir? ¿Por qué estoy tan seguro? Porque en aquellos años, 1974 en Portugal y 1975 en España, nadie daba un duro, ni soñaba siquiera en lo pronto que iban a cambiar las cosas. Y eso es lo que va ocurrir ahora porque el poder político y el económico nunca ven venir los cambios profundos que se gestan en las retaguardias de los pueblos. Hay infinidad de pruebas históricas, sin ir más lejos ahí están la Revolución Francesa o la propia Revolución de los Claveles. ¿Quién le pudo anticipar a los opresores de entonces que en poco tiempo sus cabezas rodarían por los suelos de las plazas ocupadas por el pueblo? ¿Quién avisó a Caetano y sus secuaces el día antes del 25 de abril que en menos de 48 horas estarían exiliados de Portugal y que su inmenso poder se había esfumado? Pues eso.

Manolo Peñalosa

España es más grande con marea baja

 

Las antes rígidas e intocables fronteras de España, marcadas a sangre y fuego en esta piel de toro, se han vuelto, por arte de birlibirloque, flexibles, adaptables, expansibles o retráctiles dependiendo de los caprichos o necesidades del PP, de la posición que ocupe la Guardia Civil o del subibaja de las mareas. España es más grande con marea baja. Crece y decrece a cada ola que viene o va, y estando como ya está, habitada por millones de españoles nos sobran moros, rumanos y negros hasta que venga la próxima burbuja inmobiliaria y necesitemos de nuevo mano de obra barata. Un pasito pa’lante o un pasito p’atrás, unas bolas de goma por aquí o por allá, unas balas de fogueo que no matan pero asustan un huevo y el inmigrante se ahoga pero en un país extranjero y ya no es culpa nuestra porque aquí, en esta España del PP, somos cumplidores de la ley, pero la del más fuerte. 

 

 

Y es que la mayor aportación del PP a la filosofía política es el concepto de flexibilidad. Y si no, ahí van unas muestras de hasta dónde se puede llegar combinando esa palabra comodín con otras según convenga: flexibilidad horaria, para acabar con los horarios rígidos en el trabajo y hacernos trabajar el doble; flexibilidad laboral, para convertirnos en esclavos modernos, adaptables y reutilizables en sucesión interminable de contratos basura; flexibilidad salarial siempre que sea a la baja porque al alza solo lograríamos más desempleo; seguridad ciudadana flexible, para poder subcontratar vigilantes de seguridad que puedan sustituir a la policía y apliquen la ley como se les ocurra sin responsabilidad alguna de la autoridad pertinente y para dar leña, más allá de lo que cualquier democracia de verdad pueda soportar, en las protestas y manifestaciones sin que ningún juez pueda poner en la calle sin cargos y sin multas a los detenidos injustamente; flexibilidad sanitaria, para abrir los hospitales públicos a los indudables beneficios de la iniciativa privada, aunque se nos mueran los enfermos en las eternas listas de espera; flexibilidad, religiosidad y elitismo en la educación, para conseguir alumnos entregados, abnegados y acríticos con los gobiernos y el poder económico-mafioso que manda en el mundo, alumnos a los que no se les ocurra salir a la calle a liarla y prefieran rezar a los santos para encontrar su futuro, alumnos instruidos en la aventura de buscarse las papas fuera de nuestras fronteras que al ser flexibles y extensibles les acompañarán a sus lejanos destinos para que no les dé la morriña y decidan retornar en las pateras en que nos los devuelven desde Bélgica, Alemania, Inglaterra o ahora desde Suiza porque, como en toda Europa, sobran los jóvenes por muchas carreras que hayan estudiado. Que se aventuren y que traspasen las fronteras de sus sueños a la puta realidad que les espera. Eso es lo que hay.

 

Ya se sabe que las fronteras son líneas imaginarias trazadas sobre el papel de los mapas pero que por obra y gracia de los poderes de este mundo se convierten en controles, barreras y muros infranqueables. Esos muros que parecieron deshacerse tras la caída del muro de Berlín, cuyas víctimas buscaban lo mismo que las de Ceuta de estos días, libertad y un porvenir dichoso. Esos muros que ahora se reconstruyen en Europa para separar otra vez nuestras viejas naciones. Esos muros alzados con la amalgama de la ignorancia y del olvido de las razones del pasado Esos muros, con sus criminales concertinas, que nos han crecido al sur de nuestro sur, son monumentos a la estupidez humana porque pretenden impedir que los sueños de unos contaminen la realidad de los otros. No podemos ignorar los sueños de los que vienen, y aún menos sus derechos, porque son seres humanos como nosotros. Porque nos necesitan y los necesitamos. Porque seguirán viniendo hasta que nuestro egoísmo ceda o sea vencido y les permitamos quedarse en sus países porque, por fin, allí pueden ya progresar en paz. 

Discursos, argumentarios y adoquines

Entro en Google por aquello del “fin de la cita” tan repetido por Rajoy en su comparecencia por el asuntillo de Bárcenas y tecleo en el buscador: “citas o frases” y añado el nombre de todos los políticos que se me ocurren, uno a uno, más que nada por echar el rato en esta tarde de agosto sin playa. En segundos, miles de webs que recogen lo dicho por esos políticos en prensa, en entrevistas en la radio o en la tele, en tertulias, en mítines, en el Congreso o en el Senado o en casa de sus padres cuando eran todavía unos chiquillos y ya apuntaban maneras.

De lo primero que te das cuenta es que el nivel del “pensamiento” político de estos líderes y “lideresas” de nuestro presente político no tiene nada que ver con el de sus predecesores.

Adónde va a parar un Carrillo cuando abría esa boquita y hacía temblar al sistema capitalista. Un Alfonso Guerra dando caña de la que ya no se estila en España, digo en el PSOE.

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Un Felipe adornando su pensamiento social liberal con todos los “por consiguientes” posibles en una sola frase como si a cada paso quisiera subrayar que lo que decía iba a misa y estaba muy bien fundamentado, para al final decir exactamente lo mismo que cualquier “liberalote” de tres al cuarto. Ese Felipe (“No se puede tomar a Marx como un todo absoluto. No se puede, compañeros. Hay que hacerlo críticamente, hay que ser socialista antes que marxista”) que logró que el marxismo que había conseguido salir del armario en que le había encerrado el fascismo, volviera a meterse, no ya en el armario, sino en el baúl de los recuerdos.

Y eso quería decir que la lucha de clases debía volverse razonable y adaptarse a los nuevos tiempos. Quiso abrir el partido a la clase media, a la pequeña burguesía; quiso acercarse al centro para poder gobernar y eso exigía hacerle sitio a los que poco tiempo después lograrían que el PSOE dejara de ser precisamente socialista para pasar a ser sucesivamente socialdemócrata (claro que no en el sentido en que usaba el término Rosa Luxemburgo) y después de centro izquierda, eso sí, indeterminada. Aunque dentro sobreviven socialistas, marxistas y socialdemócratas de los de antes de Felipe, esto ya no es lo que era. Y si no, pregunten a sus dirigentes qué ideología define a su partido, verán qué guirigay de respuestas les dan entre risas incómodas.

Sin embargo, Felipe tenía su “aquel”, sabía hacerse con la gente, tenía carisma, era joven, atractivo, con facilidad de palabra y poder de convicción y dentro de los parámetros de aquella democracia que empezaba, resultó ser con gran diferencia el mejor Presidente que tuvo España durante aquellos años.

Fraga Iribarne, D. Manuel, al que no se le entendía nada con ese hablar atropellado, mal acompasado, verborreico, de frases de rotunda sonoridad, que venía a decirnos casi siempre lo mismo, que cualquier tiempo pasado fue siempre mejor, sobre todo si era el pasado franquista, pero que daba un miedo… Como si fuese capaz de resucitar al Caudillo de sus amores tras pronunciar una de sus frases inapelables.

Aquel Pujol llevando de aquí para allá, entre carraspeos inmisericordes, la soberanía de Cataluña adosada a su españolismo moderno y que todavía era el catalán bueno frente al vasco malo, Arzallus, el que dijo aquello de que “unos sacuden el árbol y otros recogen las nueces” y se quedó tan pancho.

Y Julio Anguita, incansable tras el “sorpasso” soñado, poseído por ese “antipsoeismo” que entonces parecía retrógrado en su primitivismo comunista y que hoy resulta que estaba adelantado a su tiempo. ¡Ay, aquel comunista solemne que se creía firmemente sus propias verdades!

No quiero olvidarme de Adolfo Suárez el de “puedo prometer y prometo”, el traidor al sagrado Movimiento Nacional y a las esencias patrias, que logró darle el cambiazo al Régimen (con mayúscula) de una Ley de Asociacionismo Político por una Constitución democrática (sin previo referéndum Monarquía o República, no fuera que los militares dijeran algo) y que legalizó por partes a la izquierda clandestina.

Suárez hizo más que dijo, en eso le gana a muchos, pero consiguió, seguramente sin quererlo, que el franquismo siguiera existiendo en aquella  primeriza democracia (con minúscula) y que con el tiempo volviera a cantar aquello de “Montañas nevadas, banderas al viento…” y a hacerse fotos en Facebook marcándose unos saludos fascistas como si tal cosa.

Al tiempo que escribo esto, el franquismo está de vuelta en el Gobierno, en la calle, en la prensa adicta, en las redes sociales. Adonde quiera que vayas te lo encuentras incrustado en la mente de esa mitad de “españolitos que vienen al mundo les guarde dios” que son como los percebes de los que habla Rosa María Artal en su último libro.

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Dirán ustedes que casi me salto a José María Aznar y no era mi intención porque este segundón dónde los haya se merece unos renglones ya que, a pesar de su deseo de pasar a la Historia como otro salvador de la patria, solo dejó para la posteridad esa fatuidad suya, esa ridícula pedantería, ese querer y no llegar a ser pongamos que el nuevo gurú del neoliberalismo.

No dijo nunca nada de su propia cosecha, solo repetía y repite lo que otros piensan. Es un copión de Thatcher, de los think tanks del imperio, de la Escuela de Chicago de aquel Milton Friedman que estuvo detrás del golpe de estado del asesino Pinochet, hasta del actor fracasado que fue Reagan. Él solo declama con ese tonillo insufrible, monocorde, a veces con esa vocecilla endeble que pretende esconder al niñato engreído al que un día su papá le dijo que llegaría lejos. Y llegó tan lejos como para ser uno de los culpables de empezar aquella guerra infame y criminal a la que nos llevó de la mano de otros personajillos como él y dejarnos caer encima, junto al 11M, su propia herencia, más, mucho más jodida que la de Zapatero. De Zapatero hablaré otro día, se merece un post para él solito.

Eran así, tenían aquellos defectos, pero eran más coherentes que lo vienen siendo sus segundos. Estrenaban libertades y no era fácil acertar; lo intentaron, pero solo consiguieron esta democracia que se nos ha quedado tan cortita y que tan bien les viene a sus sucedáneos, digo a sus sucesores.

Leyendo esas citas, puedes descubrir que es verdad de la buena lo que nos decían nuestros padres cuando nos veían tropezar una y otra vez en la misma piedra: “Genio y figura hasta la sepultura” o aquello de “Eres incorregible, hijo. Así no llegarás a nada en la vida”.

Rajoy y Rubalcaba, y sus contemporáneos, crecieron políticamente a la sombra de los grandes de la Transición que ya hemos visto más arriba de qué pie cojeaban pero no han logrado igualarles. Ya se sabe que la copia y el original, el clon y el clonado no son lo mismo, que solo lo son en apariencia. Más bien son como la sombra y el árbol que la provoca y es que las sombras no echan ramas ni hojas propias.

Los grandes de la Transición producían frases memorables, discursos bien hilados y coherentes, todo lo que decían estaba basado en sólidos pensamientos, en ideologías consistentes. Escribían artículos en prensa de los que se hablaba durante semanas y que removían o demolían creencias precedentes abriendo caminos nuevos para una nación tan maltratada por la Historia.

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Estos políticos nuestros de ahora solo leen argumentarios escritos por otros, discursos de a real el cuarto sin una sola idea válida que los salve de la mediocridad más evidente, insulsos, vacíos, con más huecos que un árbol carcomido por termitas.

Se echan en cara unos a otros lo dicho a su vez por unos y por otros y lo que nos descubrió Rajoy en su discursito de primeros de mes es que lo que un día dijo Rubalcaba sirve otro día para él mismo y viceversa. Y ése es el discurso que escucha la gente: el mismo discurso compartido por ambos y basado en las citas del contrario: el y tú más.

Y qué me cuentan ustedes de los segundos espadas, todo el día justificando ante los micrófonos de la prensa sus “obras”, sus pecados, sus delitos, sus errores, sus mentiras, sus incumplimientos de programa, su corrupción. Ni una verdad que llevarse a la boca.

¡Que no! ¡Que la política no va de ridículos discursos vacíos! ¡Que la política es el arte, el arte sí, de identificar los problemas y darles solución! ¡Que la política se dignifica en el servicio a los demás y sobre todo a los más débiles!¡Estoy, están ustedes, seguro que sí, hartos de mentiras, hartos de corrupción, hartos de que a los ciudadanos no se nos considere como la verdadera patria! ¡Hartos de recibir todos los palos y no conseguir nunca nada! ¡Hartos de escucharles y no verles hacer nada! ¡Hartos y aburridos de esperar algo bueno de ellos!

Al menos nos queda Internet, y la calle, y los adoquines, que a veces hablan con más claridad y precisión que esos discursos baratos que nos echan encima todos los días.

Inútiles ideas geniales

Algunas veces (desde que comenzó la crisis, casi siempre), el hecho de levantarte inocentemente de la cama, mientras escuchas las noticias que te hacen culpable cada día con su propio amanecer de cada vez más cosas y tomarte tu café con tu media tostada con aceite de oliva y sin jamón, no como antes, porque se ha puesto carísimo y aunque no produce ardores sí que produce culpabilidad por aquello de que es una prueba evidente de que estás viviendo por encima de tus posibilidades, algunas veces, decía, o casi siempre, te levantas (sabiendo que eres la misma buena persona de ayer al acostarte pero no sabes si lograrás seguir siéndolo a la vuelta al catre), y ya no te desayunas sólo esa tostadita y ese café, sino también esas noticias que tienes que tragarte a lo bestia, así en seco, como un ibuprofeno 600 sin agua, cuando más vulnerable estás, antes del primer sorbo de café espeso, casi sólido, que te proporciona un primer asomo de autodominio, que te da la primera oportunidad del día para reaccionar y cabrearte, porque lo que estás escuchando en la radio de la cocina no es sólo “cabreante”, sino absurdo, de una estupidez inconmensurable. Y es que la locutora te está contando esas cosas que se le suelen ocurrir a “expertos de la cosa global”, a “bienpagaos” de su padre y de su madre, de esos que tienen cada mañana o cada tarde grandes e inútiles ideas geniales.

JA insectos 23 .jpgComo la de combatir el hambre en el mundo, encontrar un yacimiento inagotable de empleo, combatir la obesidad y el excesivo gasto médico y farmacéutico y solucionarlo todo de un tirón comiendo insectos, larvas, lombrices, gordos gusanos de la madera, saltamontes, grillos, alimentos todos de grandes propiedades proteínicas y cero grasas, abundantes y baratos de producir, almacenar y distribuir.

Pero como los españoles no sabemos emprender, de hecho muchos no sabemos ni lo que quiere decir ese jodido verbo de la segunda conjugación, seguro que dejamos pasar la oportunidad de sembrar el territorio patrio de granjas y criaderos de bichitos alados, larvas y lombrices ciegas y amantes del arrastre arenoso para humanos insectívoros. No querremos ser peritos cazadores de moscas y otros insectos voladores que caben en la palma de la mano ni tejedores de redes para incautos saltamontes y grillos (éstos pueden salir más caros de criar porque les encanta el tomate y la hoja de lechuga no transgénicos, de cultivo orgánico). No se nos ocurrirá construir almacenes donde contener todos esos productos congelados y envasados al vacío. No veremos las oportunidades que ofrece el negocio de la distribución de esa ingente cantidad de alimentos por el mundo entero. No creeremos que esa producción, ese comercio global, insuflará nueva vida a nuestros puertos, a la construcción naval, al diseño de nuevas vías de comunicación terrestre.

foto_cartel_chuleton_blogs_1Y qué decir de los beneficios que dejaremos pasar para el prestigio internacional de nuestra cocina. Serán otros los que reinventen la paella con tropezones de patitas de saltamontes de Sierra Morena y lombrices de arenas saladas de Sanlúcar de Barrameda o un revuelto de patatas a lo pobre con pimientos verdes de Los Palacios y langostas de plaga bíblica abiertas sobre un lecho de hojas tiernas silvestres regadas con mantequilla de gusanos de manzana.

Dejaremos, como siempre, que esas oportunidades las emprendan otros. Los alemanes, por ejemplo. Esos que nos venden Audis, salchichas, cervezas y otras muchas cosas, nos prestan el dinero para que lo malgastemos en burbujas inmobiliarias y después nos cobran los intereses al precio de derechos laborales y sociales rebajados ad nauseam, al precio de democracia barata porque la de verdad sale muy cara y sólo ellos pueden permitírsela. Y aún debemos estarles muy agradecidos porque siguen viniendo a veranear a España.

En fin, que nosotros, el pueblo, seremos vegetarianos e insectívoros y ellos, los de la pasta, seguirán con el cerdo ibérico, el cochinillo, la ternera de Ávila, el chuletón de buey, las gambas blancas de Huelva, los langostinos de Sanlúcar, los vinos de la Ribera del Duero o de Rioja. Y ellos, los de las inútiles ideas geniales, nos verán beber tetrabrikes de Don Simón y masticar grillos a la piedra muertos de risa.

La doctrina del shock y la cancha de tenis

Hace algo más de dos semanas de la huelga general del 14N. ¿Se acuerda alguien de ella? Tal vez sólo los que la convocaron, los que la hicieron y los que participaron en las masivas manifestaciones de aquel día. Tras apresurados análisis sobre su éxito o fracaso y el debate, no concluso aún, sobre si es un instrumento adecuado de lucha en los tiempos que corren, pronto se apagó el interés por ella.

¿Son los medios de comunicación los culpables de este olvido? Por supuesto que sí, la mayoría de los de mayor difusión, primero la atacaron y el día después cuestionaron su importancia, manipulando los datos la calificaron de fracaso y aun algunos se empeñaron en negar su existencia. Pero no sólo la actitud de los medios de comunicación explica esto, lo veremos más abajo.

El caso es que en los días posteriores, la huelga general dejó la primera plana y los titulares de los telediarios y emisoras de radio y éstos se inundaron de otras noticias habituales en el desarrollo de esta crisis. Los desahucios, el caso Madrid Arena, la privatización de hospitales y centros sanitarios en Madrid, la huelga de los trabajadores sanitarios, el decretazo de Gallardón y, por supuesto, las elecciones catalanas del 25N que, a su vez, coincidió con la celebración del Día contra la Violencia a la Mujer dejando en segundo plano la importancia de este día en la lucha por la igualdad.

Para tratar de explicar por qué ocurre lo anterior recomiendo la lectura de este libro:  La doctrina del shock: el auge del capitalismo del desastre. Es un libro de la periodista canadiense Naomi Klein editado en 2007 en el que se inspiraron Michael Winterbottom y Mat Whitecross para realizar un documental con el mismo nombre en 2009.

Naomi Klein sostiene que las teorías sobre el libre mercado del Premio Nobel Milton Friedman y de la Escuela de Economía de Chicago se imponen con técnicas de psicología social aprovechando desastres naturales, actos de terrorismo como el 11S o crisis económicas reales o percibidas, sobrevenidas o programadas con el fin de provocar en los sistemas económicos y sociales un efecto parecido al que sufre un paciente al que se le aplica una terapia de electroshock.

El primer “éxito” de esa terapia se produjo con el golpe de estado criminal de Pinochet en Chile en 1973 y fue extendida después a toda América Latina. Continuó con las políticas aplicadas en Polonia, Rusia, Sudáfrica y en la crisis asiática de 1997 y ahora se está aplicando a los países del sur de Europa.

Dicha terapia tuvo dos versiones: la violenta, la de los golpes de estado sangrientos, dictaduras militares, torturas, genocidios y la “suave” de Margaret Thatcher en Inglaterra o Reagan en USA, por ejemplo. Ambas trataban de destruir el modelo social, político y económico vigente para restringir el poder regulador de los gobiernos sobre el capitalismo, anular el poder democrático del pueblo sobre esos gobiernos y “liberar” al capitalismo de las pesadas cargas impuestas por el modelo del Estado del Bienestar surgido tras la crisis de 1929 de la mano de Keynes y Roosevelt y hecho realidad después en Europa tras la II Guerra Mundial.

Para explicar cómo funciona la doctrina del shock aplicada a la situación de España, os propongo este ejemplo gráfico: una cancha de tenis y un jugador al fondo de la pista intentando devolver las bolas que le lanza una máquina de las que se usan para entrenar.

La máquina empieza por lanzar la bola a poca velocidad y al centro de la cancha. El jugador la devuelve sin dificultad, sin apenas esfuerzo. Pero, poco a poco, la dichosa maquinita aumenta la velocidad y la bola va de un extremo al otro del campo contrario. El jugador tiene que aumentar la velocidad de su respuesta y alcanzar la bola que cada vez es más difícil de devolver.

Si la máquina fuera el capitalismo y su intención aplicar la doctrina del shock, aprovecharía el cansancio y la confusión del jugador para aumentar la frecuencia de salida de cada bola. El jugador piensa que la máquina se ha averiado pero su pundonor le obliga a intentar ganarle. Pero no puede, claro está. Cuando la máquina agota las bolas de que dispone, el jugador solo ha podido devolver unas cuantas y la máquina ha ganado. Es decir, el capitalismo ha ganado. La terapia del shock ha sido un éxito.

Esto es lo que le ocurre hoy al ciudadano que sufre los recortes que le impone, digamos, este “sistema de juego”. Cada semana, casi cada día, el gobierno le lanza una bola, es decir, le roba algo, parte de su nómina, los derechos negociados en su convenio colectivo, su puesto de trabajo, su casa. Le aumentan los impuestos directos e indirectos, la cuota de su hipoteca, los gastos de la educación de sus hijos, las medicinas, dejan sin atención domiciliaria a sus padres ya muy mayores y todo un largo etcétera.

Las bolas salen una detrás de otra, pero cada vez más rápido. Las últimas bolas lanzadas también le han robado la libertad, se queda sin democracia y sin futuro, ya lo ha perdido todo. Y, además, si hace huelga le despiden, si sale a la calle a protestar le pegan una paliza los policías (cada vez más “sueltos de mano” porque si se pasan su brutalidad será indultada por el Gobierno) o le detienen aplicando leyes recién inventadas sólo por estar allí, aunque no haya hecho nada ilegal y no llames a la prensa libre para que informe porque acabará en el mismo furgón que tú. Así que le han dejado sin alternativas, no puede defenderse y no le queda otra que admitir lo que quiera hacer con él el ganador del partido.

¿Cómo ganar a la máquina? ¿Cómo parar al capitalismo? Se me ocurre, primero, elevar la red, así pararíamos la mayoría de las bolas (es lo que se llama resistencia que es la fase en que estamos en esta lucha) y después, desenchufar la máquina (lo más difícil, lo más arriesgado, pero lo más eficaz) que solo es posible si tenemos claro que en este juego lo que nos confunde es devolver por separado cada bola que nos lanza la máquina cuando lo que hay que hacer es pararla.

Quiero decir que son muchas las luchas en las que estamos comprometidos y que todas son importantes pero también que de algún modo dispersan nuestras fuerzas. El capitalismo esta vez va a por todas y no se detendrá ante el muro de la democracia  a menos que unamos todas nuestras fuerzas, todas las luchas sectoriales, toda la fuerza del pueblo expresada en un único objetivo: desenchufar el capitalismo.

NOTA: En Google puedes encontrar la versión digital del libro con sólo teclear su título.

 

 

EL MAYOR PODER DE LA DERECHA ES LA DIVISIÓN DE LA IZQUIERDA

Todo es crisis, sí. Pero todo, vaya que sí, y en todos los ámbitos: la economía, la política, la sociedad, la familia, el sentido de nuestra propia vida personal, hasta el amor está en crisis. Excepto una cosa: nadie se “baja del burro” de sus preconcebidas certezas. Seguir moviendo, con cuchara de palo, el mismo guiso con los mismos garbanzos desde hace décadas, a pesar del hedor que se desprende de la cazuela y del verdor putrefacto que flota en la superficie de una salsa rancia, es algo que no está en crisis. En este país de convicciones cerriles, de tradiciones inmutables, de creencias eternas, el enemigo más odiado es la razón.

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Mantenerla y no enmendarla, parece ser nuestro deporte favorito. Aquí nadie se equivoca, nadie da su brazo a torcer, nadie escucha a los otros, nadie reflexiona sobre los hechos reales. Pero eso sí, todos opinamos, aunque no tengamos ni idea de lo que hablamos. Somos así, individualistas y certeros en nuestras críticas hacia todo lo que se mueve, hacia todo lo colectivo, hacia todo lo que no sea lo de siempre.  Nos puede nuestro propio yo, no entendemos la solidaridad si no es en un solo sentido, el nuestro. Nada de compromiso con los demás, ni siquiera con uno mismo. Dispuestos a cambiar de opinión y de bando enarbolando la bandera de la supervivencia o la de la comodidad del escondite que cada uno se busca.

Y a todo esto, una realidad que nos apunta a la cabeza y nos disparará uno a uno tras fusilarnos en grupo. Las espaldas contra la tapia y todos pensando que las balas no nos alcanzarán porque eso solo les pasa a los demás.

Llegados aquí, puede que el lector piense que me refiero a los de la derecha cerril, a sus acólitos, a los comprados con un plato de lentejas, a los engañados por los medios de comunicación, a los irresponsables que votan en contra de sus intereses, por supuesto que sí. Pero también, a los nuestros o a los que, al menos, pensamos que son los nuestros. A las cabezas pensantes de toda la izquierda, la real o la supuesta, la parlamentaria o la extraparlamentaria, la institucional o la social. También nosotros somos cerriles en nuestras convicciones, tenemos tradiciones inmutables y creencias eternas y la razón es nuestro mayor enemigo. Sólo tenemos que echar una mirada a nuestra realidad para ver la necesidad urgente de “bajarnos del burro” que cada cual defiende desde hace décadas para hacer algo diferente, ilusionante y movilizador que arroje a la basura el guiso de garbanzos podridos que no hay ya quien se coma.

El mayor poder que tiene la derecha no es el poder económico, ni la mayoría absoluta, ni el miedo al paro, ni a perder lo poco que se tiene. El mayor poder de la derecha es la división de la izquierda.

OTRO ERROR DE CÁLCULO

Ayer volvió a ocurrir. El movimiento 15M, dado por muerto, agotado o “agostado”, volvió a resurgir para unos o resucitó para otros. Demasiadas resurrecciones lleva para estar realmente muerto, ¿no? Pues bien, resurgió o resucitó, porque “no estaba muerto ni estaba tomando cañas”, como dice la famosa canción. Estaba a lo suyo, a lo que ahora se dedica con más ahínco, a elaborar propuestas realistas a la par que imaginativas, a extenderlas entre la gente, a hacerlas fuertes en la mente colectiva. Ha sido otro error de cálculo de los encargados del orden. Pensaron que el 15M estaba en la playa (algunos sí, pero haciendo campaña de sus propuestas) o de marcha en Ibiza.

Pero volvieron a equivocarse, porque este movimiento está tan extendido, está tan atento a todo lo que pasa y tan dispuesto a movilizarse en pocas horas, que es muy arriesgado, políticamente hablando, ningunearlo o despreciarlo sin pagar un alto precio. Y cuenta con la simpatía de una gran mayoría social con la que, además, puede contar para cualquier convocatoria. No necesitan sedes, ni siquiera pancartas, convocan a través de las redes sociales y la respuesta es inmediata, como ayer. No necesitan campañas previas a las movilizaciones, no tienen que sensibilizar ni argumentar para que los convocados asuman que tienen que asistir a manifestaciones o asambleas. Esa labor ya la tienen hecha, de ahí que sus llamadas al pueblo se cuenten por éxitos, incluso en pleno verano, época inhábil para partidos y sindicatos como los nuestros y no porque estemos sesteando y viéndolas venir, sino porque estamos organizados de otra manera.

Lo de ayer, el desalojo por sorpresa y sin previo diálogo, cabrea también a muchos ciudadanos que no pertenecen al 15M, que ni siquiera simpatizan con él, porque impedir que el pueblo se reúna, opine y actúe políticamente, es ir contra un derecho constitucional que no puede pisotearse así como así, sobre todo si entendemos que la democracia a lo que debe aspirar como bien supremo es a que el pueblo participe y decida, desde dentro de las instituciones y, también, desde fuera.

Las apelaciones de los comerciantes de la Puerta del Sol, apoyadas por las fuerzas vivas de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid y secundadas por el Gobierno socialista, a que la plaza es de todos y que el 15M no puede monopolizarla en exclusividad para sus intereses, llevaría parte de razón si en unos días todo Madrid no fuera a ser monopolizado por los fieles de una creencia religiosa, desafecta secularmente de la democracia y con el añadido antisocial que conlleva las exenciones fiscales a empresas patrocinadoras de la visita papal, el coste de la seguridad del evento, la privatización temporal de edificios públicos para fines distintos a los que fueron destinados y cuyo coste global (50 millones de euros) no se justifica ni como visita de un jefe de estado ni por su pretendido carácter pastoral. A Somalia, se nos dice, se va a destinar la mitad de esa cifra. Y esto, no sé porqué no subleva también a los fieles de una religión que habla y mucho de caridad y poco de justicia.

La diferencia de trato entre estas dos expresiones sociales del mismo pueblo, la religiosa y la democrática y, probablemente, con intersecciones importantes, es más que evidente. Para unos, todo, para otros, nada. Y eso cabrea. Brillará más la visita papal en los medios de comunicación convencionales, eso seguro, pero en las redes sociales el brillo será de otras ideas. Y por esas redes circula lo nuevo, lo que no puede pararse sin dejar vacía de contenido la democracia actual.

P.D.- Como escribo con poca frecuencia, se me acumulan los temas y se me alargan las entradas al blog. Pero me comprometo, en la próxima, a hablar de algunas cosas insinuadas en ésta. Por ejemplo: sobre mi posición sobre el 15M y nuestras organizaciones sindicales y políticas, sus distintas formas de organizarse, actuar, y de afrontarse mutuamente. Porque el 15M no es el problema, el problema somos nosotros mismos. Pero todo tiene arreglo, la clase trabajadora siempre ha logrado encontrar la mejor manera de luchar y avanzar.

MANOLO PEÑALOSA

De Valencia a Noruega pasando por Grecia

Entre enfermedades (leves), trabajo y familia, llevo unos días desconectado de esta otra vida “bloguera” que, por suerte o por desgracia, no es tan intensa todavía como mi vida real. Se me acumulan las cosas de las que quiero hablaros y no sé por dónde empezar. Vamos a intentarlo.

Empiezo por la dimisión, en olor de multitudes, del muy honorable presidente de la Comunidad Valenciana, Sr. Camps. Este señor que dimite en el altar de los sacrificios que a veces requiere la patria y tu propio partido, dice que lo hace por Valencia, por España y para no entorpecer el camino triunfal de Rajoy hacia la Moncloa. Por Rajoy, vale, pero por Valencia no lo haga, honorable, porque su patria chica no necesita su sacrificio, lo que necesita es que devuelva todo lo robado y tener un presidente verdaderamente honorable. Y por España, menos todavía Sr. Camps, que ahí sí que no hace Vd. ninguna falta. Ya está bien el estropicio que deja en Valencia.

En su comparecencia ante los medios, va y dice, mientras ríe estúpidamente, que es inocente, inocente, inocente, porque cree que la reciente mayoría absoluta conseguida le exculpa de todas sus fechorías con los “amiguitos del alma” de la trama Gürtell.  Se va, como no, entre alabanzas de los suyos, no se sabe si para volver a puestos de mayor responsabilidad en el previsible gobierno de ese alma cándida que es Rajoy, que otra cosa no, pero sufrido sí que es, a causa de tanto honorable inocente de corrupción que pulula por su partido. Pero, bueno, se ha ido, y esperemos que no haya retorno o que su dimisión le lleve adonde tiene que ir si la justicia es coherente.

¿Y qué decir de Grecia?, país al que Occidente le debe todo lo que es y ha sido. ¿Cómo es que no han visto venir los griegos que el caballo de Troya de las agencias de rating, los bancos alemanes y franceses, el sistema financiero corrupto y la insolidaridad europea, le entraban por las puertas? Otros, irlandeses y portugueses, no tenían ese precedente histórico, pero a los griegos les han vuelto a meter en el patio de recreo europeo donde los grandes son los insolidarios y los pequeños se llevan todas las hostias y después, encima, el maestro les riñe a ellos y les castiga con una deuda tan cara que es impagable. No tendrán más remedio que repetir varios cursos, solo por ser más pequeños y más débiles y el precio de las clases de recuperación está por las nubes.

Dicen que lo ocurrido en Noruega lo venían anunciando escritores de novela negra y otros intelectuales antifascistas, como Stieg Larsson, el autor de la trilogía “Millenium”. Pero, los gobiernos, los políticos y buena parte de la población

El terrorista Breivik satisfecho de su crimende los países escandinavos y de toda Europa, vienen conviviendo, soportando o ignorando como tiernos corderillos, la resurrección del lobo del fascismo, la xenofobia, la intolerancia y el odio, tal vez porque, de vez en cuando, viene bien mano dura que con esta crisis económica la gente podría estallar y echar abajo el sistema. Hay que meterles el miedo en el cuerpo.

El Movimiento contra la Intolerancia ha pedido a Zapatero que legisle y endurezca (y vaya si estoy con ellos) las penas contra aquellos que promueven el odio, que es lo primero que necesita un asesino, un torturador, un terrorista, un genocida, para actuar y justificar sus acciones. El asesino, Anders Breivik, dice que la gente entenderá que sus crímenes están justificados por la salvación de Europa que se hunde gracias a la conjunción de marxismo e islamismo. Es lo mismo que predican en España las emisoras y canales de la TDT Party. Por eso el diario El Mundo defiende hoy en sus páginas que no hay que criminalizar las ideas del asesino. (Ver este artículo en público.es: http://t.co/B1eGCH4).

Y por ello vuelven las fronteras físicas, se pasan por el forro los acuerdos Schengen, se expulsa a gitanos en Francia, a rumanos en Italia, se maltrata, con la ley en la mano, que es lo peor, a cualquiera que quiera entrar en este paraíso de pega en que se está convirtiendo Europa. ¡Ya no hacen falta, que se vayan! ¡No se os ocurra venir o habrá palo en candela!

La Europa que estábamos construyendo se nos va de las manos, ya no es el sueño de la creación de un espacio político, un territorio donde prevalezcan la libertad, la igualdad y la fraternidad. Es un territorio, un espacio político en que los de la derecha, el centro derecha y la extrema derecha, el capitalismo combatiente y el fascismo renovado, van juntitos para imponernos su programa máximo: la desaparición de la izquierda política, ya casi conseguida, la izquierda social y la sindical, última barrera a batir por el capitalismo que va ganando la lucha de clases. Y, mientras, los partidos de izquierda, cavilando unos, sorprendidos por la avalancha otros, recuperando las esencias o refundándose interminablemente mientras su programa máximo: la emancipación de la clase trabajadora y la de los pueblos, duerme en un cajón olvidado. Por eso, la gente nos mira y no nos entiende.